domingo, 5 de octubre de 2014

Dulces y más dulces

La comida inglesa (como cabía esperar) no es muy buena que digamos. Sin embargo, el tema de los dulces es otra historia.

Sin exagerar, calculo que el 60% de los días que voy a la oficina alguno de mis compañeros ha traído dulces... incluso puede que el porcentaje sea mayor: tabletas de chocolate, bombones, flapjacks, rosquillas, cookies, Jaffa cakes, mince pies, chocolatinas...

Venga dulces.

Claro, por mucho que uno se controle, pasar tanto tiempo con todo eso al lado hace que al final piques y piques. A alguno que yo me sé le va a acabar dando diabetes a este ritmo infernal de consumo de azúcar.

Lo peor es que es una costumbre que acaba calando y ya he llevado yo también varias veces cosillas. Por ejemplo, cada vez que vuelvo de España me gusta llevar algo típico, como cuando llevé turrón de varios tipos después de Navidad.

En algunas ocasiones recaudan dinero con fines benéficos y la gente trae dulces hechos en casa. Los dejan en el comedor y, por el simbólico precio de 50 peniques la unidad, puedes probar cómo son de buenos reposteros.

Dulces caseros para recaudar fodos para distintas causas benéficas.

Como ya he comentado alguna vez, tengo muchos compañeros de India, y éstos también traen dulces típicos de su país. Suelen tener colores y olores variados, muchos ingredientes y especias, con distintas formas y texturas y (al menos los que han traído) nada de chocolate.


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